Febrero 8th,Quinto domingo del Tiempo Ordinario

Queridos hermanos y hermanas:

En el Evangelio de hoy, Jesús dice a sus discípulos: «Ustedes son la sal de la tierra… Ustedes son la luz del mundo». Estas palabras no son tanto un elogio como un llamado. La sal solo importa cuando se usa, y la luz solo cumple su propósito cuando brilla hacia afuera. El discipulado, nos recuerda Jesús, nunca está destinado a esconderse ni a mantenerse en privado.

La primera lectura del profeta Isaías nos ayuda a comprender cómo se vive esto en la vida real. La fe verdadera no se trata solo de la oración o del ritual, sino de actos concretos de amor: alimentar al hambriento, dar refugio al oprimido y cuidar a quienes están en necesidad. Cuando vivimos de esta manera, dice Isaías, «tu luz surgirá como la aurora». Nuestra fe se hace visible a través de la compasión.

San Pablo, al escribir a los corintios, hace eco de este mensaje al recordarles que el poder del Evangelio no proviene de palabras impresionantes ni de la sabiduría humana, sino de la fuerza silenciosa de Dios que actúa en personas ordinarias. Cuando vivimos con humildad y confianza, la luz de Dios brilla a través de nosotros.

Al reunirnos para la Eucaristía esta semana, recordamos que Cristo es la verdadera Luz que nos alimenta. Fortalecidos por Él, somos enviados a dar sabor a un mundo que a veces puede parecer insípido y a llevar esperanza a los lugares que se sienten oscuros. Que vivamos nuestra fe con valentía, para que otros, al ver nuestras buenas obras, den gloria a Dios.

Las lecturas de hoy hablan de la dimensión práctica del llamado a ser discípulos y lo expresan con palabras en forma de parábolas, como la de la sal y otras imágenes que, en la realidad de la vida, se convierten en una expresión viva de la fe. Al sepultar esta semana a Ed Ercole, al contemplar su vida y su compromiso en servir de manera concreta a los demás y a Dios, pude ver en él la encarnación de esas parábolas y comparaciones que nos presenta la Escritura. Pienso en Ed como un siervo de Dios, amante de su esposa y de su familia, amante de la vida y hermano dedicado a los demás, incluso a los desconocidos. Todo esto vivido con una chispa de buen humor ante todo, siempre positivo, siempre con algún buen consejo práctico, dispuesto a ayudarte en lo que fuera. Siempre se podía contar con Ed y su equipo, Carol y Many. ¡Dios te bendiga, Ed! ¡Gracias por todo! ¡Te vamos a extrañar muchísimo y nunca serás olvidado! ¡Fuiste único! Descansa en paz, Ed.

¡Que Dios bendiga siempre a todos!

P. Stan