Septiembre 6, 2026 -23rd Domingo del Tiempo Ordinario

Queiridos Hermanos y Hermanas,

Este domingo la Palabra de Dios nos habla de algo tan sencillo como exigente: somos responsables unos de otros; estamos llamados al amor que asume la responsabilidad por el otro.

En la primera lectura, Dios nombra a Ezequiel como “centinela” de la casa de Israel. Su tarea es clara: si ve a alguien que va por el mal camino y permanece en silencio, comparte la responsabilidad del resultado. Si habla la verdad con amor, aunque la persona no escuche, ha cumplido con su parte. El silencio ante el daño no es neutral.

Jesús lleva esta enseñanza más lejos en el Evangelio. Nos ofrece un proceso práctico y respetuoso para afrontar el conflicto o el pecado dentro de la comunidad: primero hablar en privado, luego con una o dos personas si es necesario, y solo entonces involucrar a la comunidad más amplia. El objetivo nunca es avergonzar ni ganar una discusión. El objetivo es “ganar a tu hermano” o hermana. La corrección ofrecida con humildad y cuidado genuino es un acto de amor.

San Pablo lo resume de manera hermosa: “No deban nada a nadie, sino el amor mutuo; pues el que ama al prójimo ha cumplido la ley… El amor no hace mal al prójimo; por eso el amor es la plenitud de la ley”. El verdadero amor cristiano no es pasivo. No mira hacia otro lado. No endurece el corazón cuando la voz de Dios nos llama a actuar. Al mismo tiempo, nunca es duro ni autosuficiente. Busca la reconciliación y el bien del otro.

Esta semana también conmemoramos el aniversario del 11 de septiembre. Como nación y como pueblo de fe, recordamos las vidas perdidas, el valor demostrado y las heridas profundas que aún permanecen. A la luz de las lecturas de este domingo, ese recuerdo nos invita a seguir eligiendo la responsabilidad, la compasión y la solidaridad: rechazando la indiferencia y comprometiéndonos con el duro trabajo de la sanación, la justicia y el cuidado mutuo.

Jesús termina con una promesa poderosa: “Donde dos o tres están reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos”. Cuando afrontamos conversaciones difíciles con caridad, cuando oramos juntos, cuando asumimos la responsabilidad unos de otros y cuando llevamos en el corazón el sufrimiento de los demás, Cristo está presente.

Esta semana preguntémonos: ¿Hay alguien a quien necesito acercarme con honestidad y bondad?  ¿Hay alguna situación en la que he permanecido en silencio cuando el amor me pedía hablar?  ¿Cómo puedo honrar la memoria del 11 de septiembre viviendo de manera más intencional como persona de paz, responsabilidad y amor?

Que nuestra parroquia sea un lugar donde nos ayudemos unos a otros a crecer en santidad: no juzgando, sino amando lo suficiente como para preocuparnos, hablar y caminar juntos hacia Cristo. Así como lo hicimos en la procesión con otras parroquias, orando por nuestros pueblos y por las familias que viven en ellos.

¡Que Dios bendiga a todos siempre!

P. Stan