Agosto 23, 2026 -21st Domingo del Tiempo Ordinario
Queiridos Hermanos y Hermanas,
En el Evangelio de este domingo, Jesús hace a sus discípulos una pregunta muy importante: “¿Quién dicen ustedes que soy yo?” Después de escuchar las diferentes respuestas que la gente ha dado sobre Él, Jesús se dirige directamente a sus discípulos. Pedro responde con una profunda profesión de fe: “Tú eres el Cristo, el Hijo de Dios vivo.”
La respuesta de Pedro es mucho más que simplemente identificar quién es Jesús. Es una expresión de fe: reconocer que Jesús no es solamente un maestro, un profeta o un hombre que realiza milagros, sino el Mesías, el Hijo de Dios. Jesús le dice a Pedro que esta verdad le ha sido revelada por el Padre. Luego le confía una misión especial: “Tú eres Pedro y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia.”
Este Evangelio nos recuerda que nuestra fe cristiana tiene en el centro a una persona: Jesucristo. No se trata simplemente de seguir reglas, pertenecer a una comunidad religiosa o mantener ciertas tradiciones. En el corazón de todo lo que creemos está nuestra relación con Cristo. Cada uno de nosotros debe responder algún día a la pregunta de Jesús: “¿Quién dices tú que soy yo?”
Nuestra respuesta no debe quedarse solamente en palabras. Si Jesús es verdaderamente el Cristo, el Hijo de Dios vivo, entonces nuestra vida debe reflejar esa fe. Estamos llamados a confiar en Él cuando la vida se hace difícil, a seguir sus enseñanzas cuando nos presentan desafíos, a perdonar como Él perdona y a amar como Él ama.
Jesús también nos recuerda, a través de Pedro, que la fe no se vive completamente en soledad. Cristo estableció su Iglesia y confió a Pedro y a los apóstoles la responsabilidad de guiar a su pueblo. La Iglesia continúa esta misión hoy por medio del sucesor de Pedro, el Papa, de los obispos, de los sacerdotes y de toda la comunidad de los creyentes. Todos estamos llamados a edificar la Iglesia mediante nuestra fe, nuestro servicio y nuestro amor unos por otros.
Al reunirnos para celebrar la Eucaristía este domingo, renovemos nuestra propia profesión de fe en Jesús. Que podamos decir con Pedro, no solamente con nuestros labios sino con toda nuestra vida: “Tú eres el Cristo, el Hijo de Dios vivo.” Y que nuestra fe en Él nos dé el valor para seguirlo fielmente y para ser piedras vivas en la Iglesia que Él continúa edificando entre nosotros. Dios Los bendiga siempre!!!
P. Stan














