4 de enero de 2026 - Epifanía del Señor
Queridos hermanos y hermanas:
Al comenzar este Año Nuevo, les expreso a ustedes y a sus seres queridos mis más sinceros deseos de buena salud, abundantes bendiciones de santidad y prosperidad para poder proveer lo necesario a sus familias. Que el año que inicia esté lleno de la gracia de Dios, de paz y de la presencia guía de Cristo. Deseo también expresar mi profundo agradecimiento a cada uno de ustedes por su continuo apoyo, su bondad y su generosidad hacia nuestra parroquia y hacia nosotros, los sacerdotes. Su fe, su servicio y su cuidado mutuo son una verdadera bendición para nuestra parroquia y hacen visible la presencia de Cristo en nuestra comunidad.
En esta hermosa fiesta de la Epifanía, la Iglesia celebra la revelación. La palabra epifanía significa “manifestación”: la manifestación de Cristo al mundo. En la visita de los Magos vemos que Jesús no es solo el Salvador de Israel, sino la luz de todas las naciones. Guiados por una estrella, estos sabios de tierras lejanas se ponen en camino con fe, buscando la verdad, y la encuentran no en un palacio, sino en un niño. El camino de los Magos habla del camino de todo creyente. Dejan lo conocido, siguen la luz de Dios paso a paso y perseveran aun cuando el camino es incierto. Su llegada a Belén nos enseña una lección importante: Dios a menudo se revela de maneras inesperadas y en lugares humildes. El Rey de reyes no se encuentra en un trono, sino en los brazos de su Madre.
Los dones que ofrecen los Magos están llenos de significado. El oro honra a Jesús como Rey del Universo. El incienso lo reconoce como Dios y Sacerdote que se hizo sacrificio. La mirra señala su sufrimiento y su muerte como Profeta que proclama la verdad. Juntos, estos dones nos recuerdan que Cristo viene a transformar cada aspecto de nuestra vida: nuestras alegrías y tristezas, nuestras esperanzas y sacrificios.
La Epifanía también nos interpela. Después de encontrarse con Cristo, los Magos “regresaron a su país por otro camino”. Un verdadero encuentro con Jesús siempre nos transforma. No estamos llamados a permanecer iguales. Habiendo visto su luz, somos enviados a llevar esa luz al mundo: a nuestras familias, a nuestros lugares de trabajo y a nuestra comunidad parroquial. Al avanzar en este Año Nuevo, que sepamos estar atentos a los signos de la presencia de Dios a nuestro alrededor. Que sigamos su luz con confianza, le ofrezcamos lo mejor de lo que somos y tenemos, y permitamos que nuestro encuentro con Cristo modele nuestra manera de vivir. Que el Señor, revelado a las naciones, bendiga a nuestra parroquia, recompense su generosidad y nos guíe a todos con su luz durante todo el año que comienza.
Como pueden ver, este año nuestro pesebre tiene más elementos. Pueden descubrir qué hay de nuevo comparando con las fotos del año pasado. Quiero agradecerles una vez más a todos por su ayuda en todo lo que realizamos en nuestra parroquia. Siempre me impresiona su bondad, su servicio y su colaboración en todo, haciéndolo para el Señor. ¡Que Él sea también su recompensa hoy y siempre! ¡Feliz Año Nuevo a todos! Que Dios los bendiga a ustedes y a todos sus seres queridos en todas sus necesidades, espirituales y materiales, con buena salud y prosperidad. ¡Feliz Año Nuevo!
P. Stan














